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El impacto devastador del ictus en la vida de millones de personas en todo el mundo ha impulsado incansablemente a los investigadores a buscar soluciones innovadoras para mitigar sus consecuencias. En este contexto, la Unidad de Daño Cerebral del Hospital Beata María Ana, en colaboración con la Universidad Oberta de Cataluña, ha emergido en el frente de esta lucha con el lanzamiento de dos proyectos pioneros de neuromodulación no invasiva. Estos proyectos apuntan a mejorar significativamente las secuelas motoras y perceptivas resultantes de los ictus isquémicos, marcando un hito en la rehabilitación neurológica.

La neuromodulación, que incluye técnicas como la estimulación eléctrica directa transcraneal y la estimulación magnética, se fundamenta en la capacidad del cerebro para modificar su estructura y funcionamiento en respuesta a diversas influencias externas. Estas técnicas, al aplicar energía eléctrica o magnética de manera no invasiva, inducen cambios bioquímicos y estructurales en las conexiones cerebrales, potenciando la recuperación de funciones afectadas por el ictus.

El doctor Juan Pablo Romero, neurólogo de la Unidad de Daño Cerebral del Hospital Beata María Ana, destaca el objetivo de estas técnicas: reforzar la conectividad neuronal alrededor de las áreas lesionadas e inhibir la interferencia de otras regiones cerebrales que pueden obstaculizar la recuperación. La base de estos avances reside en el reconocimiento de la plasticidad cerebral, la capacidad intrínseca del cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones, ya sea en respuesta a la práctica repetitiva o como adaptación a lesiones.

Los tratamientos de neuromodulación, particularmente la estimulación magnética transcraneal y la estimulación directa con corriente, representan algunas de las intervenciones no invasivas más innovadoras disponibles hoy en día. Según el doctor Romero, estas técnicas son no dolorosas y carecen de efectos secundarios significativos, promoviendo o modificando la reconexión neuronal post-lesión de maneras que antes eran impensables.

La efectividad de la neuromodulación, respaldada por un creciente cuerpo de investigaciones, se ve limitada por la duración temporal de sus efectos. Esto subraya la necesidad de integrar estos tratamientos con enfoques de rehabilitación convencionales, como la fisioterapia y la terapia ocupacional, para maximizar los beneficios a largo plazo para los pacientes.

El daño cerebral, ya sea por lesiones en las vías nerviosas que controlan el movimiento, alteraciones cognitivas, o cambios conductuales y emocionales, presenta desafíos complejos. La neuromodulación no invasiva se perfila como una estrategia prometedora para abordar estas secuelas, trabajando en conjunto con la capacidad plástica del cerebro para facilitar una recuperación más integral.

En última instancia, los proyectos liderados por el equipo del Hospital Beata María Ana y la Universidad Oberta de Cataluña no solo amplían el espectro de herramientas terapéuticas disponibles para el tratamiento del ictus, sino que también ofrecen una luz de esperanza para aquellos que luchan contra las secuelas de esta afección. Con el avance de la investigación y la aplicación clínica de estas técnicas, el futuro para los pacientes con ictus parece cada vez más brillante.

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